martes, 8 de septiembre de 2009

Ángel de Barro



¿De dónde vengo? Vengo de una larga añoranza que parpadea un millón de veces dentro de un segundo, segundo eterno que descansa en la ilusión del tiempo. Hay veces que tengo la sensación de que todo se mueve menos yo, veloz remolino que distorsiona formas, colores y texturas; licuadora espacial que mezcla lo que el ojo humano siempre divide. Me miré en el ojo de una mosca y vi mi imagen multiplicada hasta el infinito, soy todos los rostros que han existido desde el gran estruendo cósmico, ¡qué susto!

¿Soy o fui? Siempre fui e inmediatamente dejaba de ser. Un buen día me aburrí de cargar este cuerpo y decidí soltarlo un rato. Me asomé al otro lado del espejo y me encontré con mis sueños olvidados. Todos enterrados dentro de un agujero negro y tapados con polvo de desierto. Encontré la cascada de transparentes imágenes que aparece justo antes de entrar al sueño, encontré todo lo olvidado justo al despertar. Miré con gran asombro todo eso tan misteriosamente entretejido y al querer desenmarañarlo se desató mi locura. Los guardianes del conocimiento universal no admiten profanadores. Desde entonces me regocijo ante el olor de lo incomprensible y disfruto no entender.

¿De dónde viene mi nostalgia? Tengo la sensación de haber perdido algo, no sé dónde ni cuándo. Me miro al espejo y no me reconozco, descubrí otro rostro escondido en la mitad izquierda del mío. Me dormí hace mil siglos, tuve que beberme el mar de la soledad, tuve que buscarte en crueles laberintos, fui llenando los ríos de la muerte con lágrimas negras, recorrí mil caminos hasta desgastar mis pies y perdí las manos por esculpir tu nombre en los muros de la cárcel. Ángel de barro, no quiero despertar en el sueño de un loco, Ángel de barro quiero encontrarte en mis ojos.

¿De dónde vienen mis palabras? mis palabras son antipalabras, vienen de un lugar abstracto donde no se piensa, de una caverna oscura y goteante. Voy diciendo ciertas cosas, voy descubriendo ciertas otras, voy olvidando lo poco que comprendo y voy escondiendo palabras entre las palabras para encontrarme cuando vuelva a caminar por aquí.

Anacoreta de la Luna