He decidido tener ya la mandíbula suelta, para no incubar más la bilis negra y amarga,
he decidido sostener una mordida suave y consciente,
sólo la presión suficiente para no soltarme de mi misma.
He decidido soltar la garra que sangra,
que se descompone al alba,
he puesto los nudos tercos a remojar
para mis piernas comprimidas al fin soltar,
He dejado que la dulzura descosa el ceño fruncido
y dejarme al fin tocar por la ternura de un amanecer tibio.
He dejado que las aguas limpias de la vasija sagrada me bañen y se diluyan ahí mis lágrimas,
que purifiquen mis pulsiones necias, tontas y viejas,
para poder apreciar tu sutil belleza.
Nadaremos en el mar, nada haremos en el mar, sólo fluir y flotar,
que esta vez el eterno retorno no vuelva a retornar.
Nada que pueda perder, nada que no pueda ser.
¡Corazón, corazón, con ganas de un co-razón!
Con raíces en la tierra y ramas al viento y al sol.
AnaNutria de la Luna.