Un buen día me puse a escarbar la tierra amarilla y roja,
tomé pala, pico y decidí llegar al fondo del fondo.
Encontré costras podridas muy antiguas.
Encontré estratos de mierda negra comprimida
entre plástico eterno.
removí según yo toda esa mierda y creí haber dejado la tierra limpia.
Me atreví a
mirar lo que creí era el fondo del fondo.
Algo duro como metal antiguo se
asomó,
creí haber encontrado un gran tesoro
¡la caja de los secretos apareció!
Me asustó abrirla, el olor me fulminó y me mostró los gusanos
que comen mis raíces. No aceptarlo me ha llevado a la locura. Locura bendita que dió sentido a mi lucidez. ¿Puedo contar esta historia a los locos y hacerlos sonreir y llorar? He visto a los locos escribir sus poemas... ¡me he mirado al espejo!
Sueño que debajo de mis ruinas encuentro mierda fangosa,
mierda que no termina de comerse la tierra.
Sueño que mi casa de cimientos blandos se derrumba
y de entre los escombros salgo con la cara blanca danzando mi oscuridad.
Estoy al borde del abismo
agarrándome de un delgado hilo
agarrándome de un delgado hilo
reencontrándome con esa vieja historia que quise olvidar,
que nunca quise recordar,
sólo una cosa no hay aquí y es el olvido.
Para hablar de lo que siento y lamento me he quitado el saco, he lavado mis dientes con bicarbonato y me he puesto a mirar a un ángel que espera al alba sangrando. Violando la noche, rasgando tu vuelo, el ángel no danzará en la azotea.
He visto a mi padre llorando en silencio
con sueños de ángel con hambre de perro.
He visto a mi padre tragando su pena en la noche más larga del tiempo
padre de dos cabezas, una muerde y otra protege
¿de dónde vengo? ¿de dónde vienes?
¿lo olvidé? o tal vez soñé que lo olvidé.
Maldita soledad que enloquece al que vive sin amor,
soledad que destroza sueños infantiles,
desamor que despoja a golpe de látigo encarcelando el alma,
dejando los ojos perdidos sedientos de olvido
las manos sin uñas de tanto arañar el recuerdo.
Que mi voz se está opacando,
que mi canto cerrando y quebrando
Me duele el pecho, la garganta quemada, me duele hasta el olor,
olor que ya no recuerdo y que me trajo de vuelta a esta realidad.
Quiero entrar de nuevo al vientre de tierra y honrar a mi padre-niño, a mi padre muerto-niño que también entró al eterno retorno de lo mismo. Quitarle las cadenas del alma, las que pusiste tú, las que le puse yo...
Me ha costado un poco remontar el vuelo,
aspiré de la pipa sagrada, luego puse tinta y apreté los dientes.
El miedo es mi valor y me puso a escribirte trece cantos tristes,
quiero darte todo lo que llevo dentro
necesito tu calor y ese dolor para hablar de lo que siento y no lamento.
Ay de mi que ya no lloro,
Ay de mi que te imploro
que de una vez sanen mis huesos,
que de una vez sanen mis hermanos tristes solitarios,
que sane mi sangre amarilla, mi tierra roja.
Que de una vez encuentre el amor en mí y fuera de mi. Que el estanque de peces pútrido ya está, que sirva de abono a la tierra, amada tierra comedora de inmundicias purifica mis raíces dolientes, mi corazón enfermo, mi alma atormentada, mi llanto sin lágrimas... ¿Dónde estás? ¡que el Eterno Retorno ya quiere descansar!
He visto a mi padre llorando en silencio
con sueños de ángel con hambre de perro.
He visto a mi padre tragando su pena en la noche más larga del tiempo
padre de dos cabezas, una muerde y otra protege
¿de dónde vengo? ¿de dónde vienes?
¿lo olvidé? o tal vez soñé que lo olvidé.
Maldita soledad que enloquece al que vive sin amor,
soledad que destroza sueños infantiles,
desamor que despoja a golpe de látigo encarcelando el alma,
dejando los ojos perdidos sedientos de olvido
las manos sin uñas de tanto arañar el recuerdo.
Que mi voz se está opacando,
que mi canto cerrando y quebrando
Me duele el pecho, la garganta quemada, me duele hasta el olor,
olor que ya no recuerdo y que me trajo de vuelta a esta realidad.
Quiero entrar de nuevo al vientre de tierra y honrar a mi padre-niño, a mi padre muerto-niño que también entró al eterno retorno de lo mismo. Quitarle las cadenas del alma, las que pusiste tú, las que le puse yo...
Me ha costado un poco remontar el vuelo,
aspiré de la pipa sagrada, luego puse tinta y apreté los dientes.
El miedo es mi valor y me puso a escribirte trece cantos tristes,
quiero darte todo lo que llevo dentro
necesito tu calor y ese dolor para hablar de lo que siento y no lamento.
Ay de mi que ya no lloro,
Ay de mi que te imploro
que de una vez sanen mis huesos,
que de una vez sanen mis hermanos tristes solitarios,
que sane mi sangre amarilla, mi tierra roja.
Que de una vez encuentre el amor en mí y fuera de mi. Que el estanque de peces pútrido ya está, que sirva de abono a la tierra, amada tierra comedora de inmundicias purifica mis raíces dolientes, mi corazón enfermo, mi alma atormentada, mi llanto sin lágrimas... ¿Dónde estás? ¡que el Eterno Retorno ya quiere descansar!
Anakoreta de la Luna