Quisiera saber qué hay del otro lado de la vida. Sentir que el tiempo no existe, sentir que puedes caminar sobre sus venas apenas mirando un punto suspendido en el vacío. ¿De dónde surge ese temblor en las piernas? respira profundo, chupa un seno a la existencia, escucha tu nariz.
Guerrero de mil colores deja tu cuerpo bailar. Guerrero-Serpiente echa raíces en la tierra, Águila-Dorada atraviesa el cielo, ombliguito de tierra calienta un poquito, mirada en medio de dos espejos para encontrar mi rostro. Sacudir el polvo a los huesos, formar los músculos con nuevas fibras rojas, exprimirle el dolor de tantos siglos, tanta sangre acariciándolos, tantas espinas ciegas.
En el otro lado de mi muerte quiero verte, acariciarte después de mil años. Entregarte mis exhalaciones y recibir las tuyas, cantarte al oído las notas del corazón. El cielo está rojo, se alzan los valles, se abre la tierra al compás del volcán. El encuentro de dos mundos, los opuestos se acercan. Noche y día, arriba y abajo, adentro y afuera, cerca y lejos, masculino y femenino se aproximan, Luna y Marte inician la danza.
Gotas de agua cayendo de mi piel, la ropa está mojada, hay que secarla al sol. Yo soy mi propio enemigo, sano mis heridas para sanar las tuyas. Me derrito en mantequilla para ser cocinado, tragado y eructado. Desazolve de nudos ancestrales, deja que siga su camino, deja fluir, agujas mágicas alivien mis articulaciones.
Quiero mirarme en tu espejo, perderme en tu ojo profundo e infinito, ¿de dónde vienen tus lágrimas? ¿de dónde las mías? Caminante del Cielo Rojo ven en mi auxilio, equilibrista de siete cuerdas, siete universos por caminar y nada que buscar. Traga-fuegos solar funde la piedra, mi sudor y tu aliento, que todo se haga un sólo caldo, bebamos. Mujer-Serpiente alcanza la punta de la galaxia, salta dentro del elixir floral, deja que te robe la vida el aliento, cierra los ojos, es momento de sanar, ¡vamos al circo!
Anacoreta de la Luna.


