Noche de danza bufa salpicando mis anhelos desde los huesos, desnudando el cuerpo, el alma, soltando el miedo a mostrar esa que soy. Que esa piel que me he arrancado ha dolido, he dejado al descubierto mi piel nueva, sensible y vulnerable, que aún es necesario dejarla reposar para que no la rasguen una vez más, que aún es preciso reforzar sus propios mecanismos de defensa para no ser devorada de un sólo bocado por el encantador de serpientes que de nueva cuenta vuelve a retornar en otro cuerpo, en otro tiempo. El retorno a la luz será sola, sin la compañía de hombres vacíos, ciegos y huraños. Soledad, hermosa soledad, dulce, tierna, suave, cálida, serena, altiva.
Misterios del desvelo,
caricias tiernas desprendidas de los sueños,
llora mujer, llora.
Que tu nuevo rostro se lave con la savia sagrada del corazón relleno de nostalgia de miel.
Las espinas están en la enramada y con cuidado aún hay que moverse.
Caminar al lado del camino,
caminar con mi casa a cuestas,
seguir soltando para ir más ligera.
Si alguna vez me encuentras por la calle mírame a los ojos,
nos reconoceremos más allá de este tiempo.
No eres tú, no soy yo.
Eres tú, soy yo.
Anacoreta de la Luna