viernes, 4 de abril de 2014

In-Cierto



Y entre las sábanas blancas se duermen los recuerdos y los juegos de niños, de las hojas frescas se desprende el polvillo blanco del hacinamiento, de la luna sonriente asoma el vislumbre de una posible vida en otro sitio lejano o cercano. 

Que ya mis pies quieren caminar, que mi cuerpo quiere moverse, amasar mi tierra con flores lila-esperanza, calmar mis aguas saladas, avivar mi fuego rojo-azul y cantar mis deseos impronunciables con el viento. 

Que veo y siento unas ganas locas de alargarme, delinearme y arrancarme las espinas ciegas de tantos años a tientas. Lo único cierto es que el futuro es incierto y el pasado un sueño lejano. 

Que mi soledad se ha vuelto dulce sin miedo a desmarañar el páncreas de la creación, y pinta sobre los anillos de los años mil colores que acompañen y sanen y calmen y agraden. 

Que hay una soledad tierna del otro lado del océano que saborea la fibra de un costal lleno de ilusiones y utopías de sabores crudos y jugosos. 

Que hay en las sonrisas francas de la pantalla la esperanza de un presente eterno con sabor a naranja dulce y limón partido, dame un abrazo que yo te pido, que dicen los que dicen que eso cura el alma enferma de soledad amarga. 

Y yo aquí con harta calma, me desvelo mirando la noche desenfrenada, siguiendo la luna y su sonrisa amarilla, su ojo que guiñe en secreto la verdad de mi llanto, menguante disonante que termina para iniciar una vez más, y así otro ciclo más, otra vuelta más, otra muerte más, otra vida más. 

Cierto es que si mañana nos encontramos, la unión eterna hoy se consumará.

Anacoreta de la Luna