Mariposa que ha dejado de llorar, que pronto entregará al fuego mis lágrimas para secar las ropas. Sigo deseosa de disolverme danzando. Que mi cuerpo femenino se acompase al ritmo de la vida. La sensualidad de nuevo invoco para sacudir las costras que ya no sirven. Que me voy arrancando los hombres que ya no quiero ver, que los parta un rayo, que los mate el tren del olvido.
Logrando aclarar los contornos del alma de tanta calma, me develo aquí una parte de mi oscura soledad que se acompaña de nostalgia descomprimida, de sueños húmedos de lluvia limpia. Anclando mis formas bajo ritmos angoleños, donde los cuerpos se entrelazan, se unifican, se multiplican.
Yo siempre fui lo que fui, pero no me di cuenta, no lo veía, ni lo sentía. Inconciencia de mi existencia, de mis sombras, de mi luz. Que llega la paz en mi corazón y mejor me duermo yo, me aclaro, me calmo. Nueva etapa en mi cuerpo con ganas de moverse, de mover las aguas. No es tristeza, no es desazón, es algo de comezón por lo que se va, por él que se va, es cierta ilusión por lo nuevo que vendrá.
Las aguas se están calmando, la tierra drenando el agua anegada, tierra húmeda tranquila. Mi corazón tranquilo ya, raro por no sentir tristeza, sólo cierta nostalgia para el espíritu creativo. Espíritu guardián de los bosques sigue sublimando mis sensaciones, sigue transformando mis desazones, mis temores, mis tormentas descampadas.
Suspirando quedo y resucito al tercer día, o al séptimo. Que llegue la nueva etapa de luz y plenitud, danza, danza, danza a la luna, de otra forma estamos perdid@s.
Anacoreta de la Luna.