lunes, 4 de enero de 2016

Hambres ancestrales II


He salido una vez más de la jungla roja, donde las almas hambrientas buscan urgidas acompañar su soledad eterna. Donde los falsos rostros se maquillan con retoques de orgasmos contenidos, con pixeles coloridos para atenuar las toscas líneas del tiempo y ocultar la sombra envilecida de tanta frustración dolorida.

Un catálogo humano más entre tantos catálogos humanos del siglo XXI, qué maneras más perversas de pretender acercar los corazones atormentados ocultando las heridas más profundas tras una "fish gape", qué maneras más siniestras de enamorarse ocultando los anhelos incumplidos tras tristes perfiles falocéntricos y grotescos emoticones. 

¿Qué busco cuando busco entre tanta frivolidad sin empacho?
¿Qué espero cuando me pongo a la venta en el catálogo de esa selva irreal y violenta?

¡Urgencia! tengo urgencia de alcanzar mis anhelos profundos que se escurren tras las horas infértiles de desvelo.  

¡Hambre! tengo hambre de acompañar mi soledad con otra soledad tierna, sensible, sublime.

Tengo hambre de encontrarme con el Amor, el amor de mi vida, ese amor paciente, comprensivo, que no tiene celos, que no aparenta, que no se infla, que no actúa con bajeza ni busca su propio interés, que no se deja llevar por la ira, que perdura a pesar de todo, ese amor que cree todo, espera todo, soporta todo. 

Soportaré una vez más la desazón de buscar donde no he de encontrar aquello que calme mis hambres antiguas, hambres de tiempos sin tiempo perdidos en el olvido, mientras comeré pan de arroz cocido al vapor.

Anambrienta de la Luna.