Quiero perder el miedo de salir y que me coma la tarde roja. Este capullo no quiere sangrar. Repíteme, repíteme en silencio, murmullos salpicando la noche vacía. Escribo y no sé porqué escribo, he tardado tres días en despertar y mis ojos ya están secos. Mira que te veo subiendo, corriendo, rodando, mira que te espero aunque diga que no espero.
Noche reumática de blues añejos y tristes. El recuerdo bello de la vida juvenil, añoranza de años frescos y desfogados. Amé, canté, lloré, mordí mis labios de furia contenida, cagué, forniqué, menté madres, desafié al mundo entero y… mejor me escondo en el silencio, en el que vivo hoy.
Saldré y te buscaré en el cielo, estrella perdida en tu brillo, ¿necesito un amante ahora?... déjame tranquila un segundo que quiero mirar mis miedos de frente. Se me altera la cabeza cuando hay que soplar al viento, arrojar la basura mental y conectar con frecuencias extra galácticas.
A veces quisiera soltar las velas y navegar libre. Pero sólo seré libre cuando pueda transformar mi miedo. Pero sólo seré libre cuando pase un día entero sin preocupación alguna. Amo esos días de paz interminable, de sol relajante, de texturas sordas otoñales.
Es tiempo de desafíos, de rebelión transformadora, de soltar amarres viejos de hilos rojo-azules. Es tiempo de llorar por lo que vivo y siento en el presente. Presente eterno que aún no percibo, eterno murmullo escondido en el eco de la noche...
Anacoreta de la Luna.