Soy tan antigua como el mismo tiempo, descubierta tras el velo negro de la nostalgia, nostalgia de haber estado ahí cuando todo empezó.
Infinitamente pequeño e infinitamente grande fue el origen.
Todo empezó dentro de un átomo flotante azul celeste encadenado sobre sí mismo, el fuego de mi ira condensada en el cruce de los cuatro rumbos, tempestades fermentando el miedo de expandirse al infinito, miedo al impacto de fundirse con el otro y formar algo inexistente.
¿Ya estoy lista?
Expansión cósmica en un suspiro, inhalación y exhalación del aliento divino, evolución de especies que se desollan vivas dentro de una semilla de mostaza.
¿Por qué sigo aquí?
Me desboco en recuerdos y visiones de promesas que anuncian el tiempo nuevo, tiempos híbridos de conciencias expandidas, tiempos de activación galáctica y frecuencias místicas, amigos del rostro reflejado en el fondo de un espeluznante agujero negro.
Nada es verdad y nada es mentira, todo existe en el reflejo de una burbuja de jabón.
Cristal azul de música antigua que resuena desde las entrañas de la tierra roja, monocordio vivo que me hace recordar que vengo de un sueño olvidado.
¿El que me sueña no ha despertado?
Un siglo de vida humana es apenas un sueño, la vida es eso en su mejor momento, una gran nostalgia, nostalgia por que nada empieza, nostalgia porque nada termina.
Anacoreta de la Luna
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