martes, 9 de marzo de 2010

La verdadera historia de AnaKoreta de la Luna



Esta es la triste historia de una Hada fastidiada que bajó a la tierra a darse un rol y terminó enrollada en los asuntos mundanos de los humanos tiranos. Para su desgracia o gran gracia, tomó el cuerpo de una pequeñita mujer y le dieron el nombre de AnaKoreta de la Luna. Gozosa estaba de convivir con su humana familia cuando una jauría de lobos destruye su hogar y toman prisionera a su Madre humana a la que nunca volvió a divisar. Inútil era su canto que por las noches entonaba, atolondrada siempre esperaba ver a su madre aparecer por la ventana. Desquiciados los lobos de escucharla lloriquear nuevamente a su casa fueron a atacar, le arrancaron una de sus preciadas alas dejándola toda fumigada. Más por arte de magia, todo desapareció, la sangre, el dolor y hasta la memoria perdió; así que hasta olvidó que era un hada fastidiada que sólo venía a dar un rol a esta tierra azul. Así creció a lado de sus cuatro hermanos y cinco hermanas, protegidos siempre y hasta su muerte por su Padre amante de la Tierra, pero siempre triste.

Apenas pudo correr y al gran Pirul se trepaba, llegaba hasta la punta y soñaba que volaba. Siempre codició los triciclos de sus hermanos, más tenía que conformarse con arrullar a su muñeca despeinada. Pronto mostró inteligencia y una gran destreza, en los estudios y en las cuentas a todos tomaba por sorpresa, niña-diez desde preescolar hasta bachiller. Pero como a toda buena humana las hormonas empezaron a sacarle granos en la piel y en la cabeza. Difícil fue acostumbrarse a sus pequeñas tetas, le fastidiaba mantener las piernas cerradas y sangrar mes a mes sin poder correr por la maleza. Desde entonces, o desde antes, una insatisfacción transita por sus venas y en ese momento se refugia en el canto de la quena y el retumbar del bombo legüero, y si los que escuchan no fueran tan exigentes yo diría que ahí empieza a manifestarse su dote bullanguero. Desde entonces, o desde antes, una tristeza invade sus entrañas, se hace pequeñita hostigada por gigantes de cabeza hueca, se convierte en mujercita introvertida y huraña.


Alguien una vez le dijo ¡una carrera tienes que hacer!, así que se calzó unos zapatones y de nuevo se puso a correr. Sin dificultad alguna a la universidad ingresó, momentos de placidez inundaban su vida. De ideales libertarios su cabeza se llenaba y hasta Zapatista quiso volverse para estar a tono con la causa. Bien se desenvolvía en el laboratorio y en la vida, porque a su gran amor por fin conocería. Este no es un cuento de hadas, pero al ver a aquel hombre de largos cabellos y sonrisa divina, pensó ¡este es el príncipe azul que cualquier mujer me envidiaría! Ahí empezó lo que le dejaría una gran marca, ya que vivió momentos de gran felicidad al lado de su hermoso monarca. Pero pasaron los años y llegada la primera década, su príncipe ya estaba panzón y con la cabeza calva y hueca. Pero esto a ella no le importaba ¡el amor es el amor! y con esto lo justificaba. Por amor ella siguió estudiando la maestría en algo que no le apetecía; por amor ella dejó los estudios de violín que tanto disfrutaba; por amor ella empezó a ganarse el pan en un descomunal centro de investigación donde empezó a perder la razón.

Y un buen día, como los astros predecían, el príncipe se convirtió en sapo y de un sopapo ¡paf! desapareció dejando a AnaKoreta en la luna... Ella aprovechó tal momento para dejar hasta lo que le daba el sustento. Abandonó todo lo que frustración le causaba. Sus hermanos le gritaban consternados ¿y qué vas a hacer ahora si ya eres casi una señora? Sus amigos, colegas y tutores le alegaban ¡no puedes dejar la tesis colgada!, pero para esas alturas ya nada le importaba. 

Pareciera que este cuento aquí va a terminar pero nada de eso, porque un buen día un Mago viajero venido de los sures la vino a rescatar. Con su varita mágica del oscuro sombrero la sacó de las orejas, le dijo ¡no te hagas pendeja que la vida apenas empieza!, ¡la vida es más simple de lo que aparenta, sólo tienes que fluir y estar alerta! y antes de que el mago desapareciera dentro de su maleta, alcanzó a gritarle ¡nunca dejes que te corten las alas y lo que no te guste mándalo a la chingada! En ese momento no entendió bien esas palabras, pero su corazón quedó saltando de alegría, una nueva luz inundaba su camino y pronto emprendió su nuevo viaje con gran algarabía. Pero tuvo que hacer una parada y en un lugar de retiro espiritual quedó varada, de mucho le sirvió para empezar a entender y practicar las enseñanzas de aquel mago que a veces su sueño perturbaba.
 
Como si todo para ella aquí empezara y sin que nada le preocupara, transitó por muchos talleres de artes y ninguno de oficios. Poco a poco su corazón empezó a sanar y descubrió nuevas habilidades que de emoción la hacían saltar. Conoció muchos nobles caballeros que le quitaron el sueño, pero siempre en ellos buscó a aquél mago sureño. Lágrimas derramó en una noche de Tormenta eléctrica por un extraño Astronauta que prometió bajarle una estrella, porque así como llegó se fue sin dar las gracias siquiera.

Ahora su cuerpo cambió y como toda buena humana hasta el instinto maternal en ella se despertó. Un buen día se dijo ¡ya estoy poca madre!, ¡sólo falta pulir algunos detalles!, así que al taller de Butoh entró reventando madres. Para entonces ya sentía que flotaba y que estaba muy cerca del nirvana porque hasta clases de Teatro bufo daba. Pero grande fue su sorpresa cuando su cabeza se endereza y le vienen los recuerdos de aquella hada fastidiada. Las exploraciones, luchitas y temazcales le abren canales bloqueados de su memoria y empieza a recordar su verdadera historia.

Y hasta aquí llego y me tomo un respiro, porque realmente miro que aquí empieza la verdadera historia de AnaKoreta de la Luna, historia que aún no escribo porque apenas voy entendiendo que a penas la voy conociendo…