domingo, 22 de noviembre de 2009

Crisálida en el abismo


Entro a la habitación de los espejos, el sufrimiento como haz de luz se propaga y muestra su reflejo sin fin en cada línea de mi piel, de tu piel quemada por los siglos. Golpe tras golpe grabado en la memoria que se esconde debajo de la alfombra, el olvido sólo es un mecanismo de defensa, el polvo se acumula y forma costras negras de estratos ígneos, falsa cubierta protectora que surca tu rostro contrahecho. Todos somos carceleros del dolor de los otros, todos somos espejo de la mentira de todos. La imágen se multiplica hasta el infinito, el que muerde fue mordido y el mordido volverá a morder, hinca sus filosos dientes hasta lo más profundo del ser.

Atrapados dentro del Círculo del Eterno Retorno, vuelta tras vuelta en un ciclo miserable que no termina; todo vuelve y retorna eternamente, vuelve y retorna eternamente, vuelve y retorna eternamente, e-ter-na-men-te... ¡Basta! hoy voy a romper el delgado hilo de la telaraña de la realidad circular, es necesario para cruzar el umbral, hoy voy a crucificar todas mis mentiras que flotan en altamar.

Me miro en el espejo de mi ojo profundo e infinito, se abren las puertas cerradas durante 34 mil años y descubro por fin de dónde vienen mis lágrimas, de dónde las tuyas. Hay una puerta de salida del Eterno Retorno, para cruzar es necesario sanar. Cubro mi espalda de bálsamo lunar, fomentos de agua-luz sobre las llagas rojas, vendas de manta de cielo formando un capullo palpitante, incubación a 37 grados centígrados, que me alivie, que te cure. Crisálida en el abismo suspendida de un vello de tu piel.


¿Y tú qué esperas?, ¿cuántas vueltas más? No sé tú ni qué dirás, pero no hay mucho qué pensar. Yo  quiero sentirme ligera para poder escuchar las hojas secas caer. Una mariposa de alas multicolor deja polvillo sobre el papel, pinto mi canto verde-azul. Al caer la noche bailo una plegaria silenciosa que da calor a mis nuevas fibras rojas;  danza la noche, danza el misterio, danza de principio y fin del vuelo mágico que espera abrir un capilar entre el cielo y la tierra, nada que no pueda ser, que no pueda amar, que pueda soñar.

Anacoreta de la Luna.

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